It's time for Africa

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El virus de la ciudad inteligente, provocado por el mosquito Smartcity, se extiende como una pandemia a escala global. En su origen no se trata de un virus nocivo, sino que pretende convertir el mundo en un mejor lugar para vivir aprovechando los avances tecnológicos creados por el propio ser humano.

No obstante, ese camino hacia una buena meta está plagado de encrucijadas y peligros, algunos de ellos inherentes a los deseos de la propia empresa. Son peligros que estamos anticipando desde hace tiempo en el llamado Primer Mundo, así que hace falta imaginar lo problemático que puede ser en los países en vías de desarrollo y, mucho más, en los más pobres.

Dicen que las smart cities son la última moda en toda África, el continente menos potente económicamente a pesar de atesorar infinitas materias primas. ¿Debemos sentirnos tan entusiasmados como dice el discurso público? Jonathan Silver ha escrito en LSE Cities que no, que a él le da miedo. Nosotros no somos tan radicales y pensamos que el surgimiento de las ciudades afro-inteligentes (perdonen el palabro) debe ser tomado con cautela. Políticas, informes y discursos públicos tienden a pintar una visión implacablemente optimista de tecnologías inteligentes, de grandes volúmenes de datos y de infraestructuras TIC avanzadas; que la conectividad y la tecnología pueden ayudar a transformar los paisajes de la pobreza y contribuir al renacer de África.

Desde que IBM anunció que montaría un laboratorio en Nairobi, se han multiplicado cumbres y conferencias sobre smart cities a través del África urbana. Ya se planifican extensiones urbanas inteligentes en la periferia de las grandes aglomeraciones urbanas como Accra (lean el artículo en este número) y Kinshasa. En conjunto, estos desarrollos están generando un clamor cada vez mayor en relación con el potencial para transformar el África urbana a través de la integración de las tecnologías digitales en toda la infraestructura de red, ofreciendo eficiencia, recursos, competitividad global, ciudades más seguras y, en última instancia, mucho más control sobre el entorno y la vida cotidiana en general.

Uno de los grandes problemas es que, así como el Occidente urbano conoce y practica la smart city, para los países africanos este concepto es menos visible. Se va a necesitar mucha más atención por parte de los interesados en la rápida urbanización y los problemas asociados de la pobreza y el desarrollo al que se enfrentan las ciudades africanas. Detrás de las imágenes de barrios pobres con jóvenes enganchados al móvil sigue existiendo un paisaje urbano astillado, tierras infértiles, pobreza.

La tecnología puede ayudar a África de la misma manera que puede provocar su fracaso. Las diferencias entre países, ciudades y poblaciones pueden empeorar el escenario, en lugar de dignificarlo. Si en nuestro estado del bienestar (¿!) son notorios problemas y contradicciones para poder desarrollar realmente ciudades inteligentes, no resulta difícil pensar qué desafíos conllevará hacerlo en África

El mercadeo y las oportunidades de ganancias para las grandes corporaciones no deberían ser un lastre para que el llamado continente negro salga adelante, y que sus pobladores puedan vivir una vida más digna. Porque es la hora de África, un escenario joven y de futuro. No lo defraudemos. 

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